Maracaibo, un stand up comedy a 40 grados

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Foto: Luis Eduardo Ynciarte

De repente, una señora de la tercera edad, quien espera para abordar un deteriorado pero rodante carrito por puesto, exclama: «¡Dios mío esto es pa’ locos!» Inmediatamente, agitando de forma desesperada y visiblemente sofocada lanza una pregunta retórica: «¡Ay! ¿Y si esto es fin de mundo?». Una voz en off, con tono asustado, deja descubrir su nombre al decirle: «Mi alma, Romelia, ¡vos no sois seria!»  Ella le replica: «¿Seria? Seria tenéis que ponerte vos y brindar algo pa’ el calor». —Las dos actrices abordan la unidad con una marcada decoración interior que deja entrever el gusto del propietario por las caricaturas eróticas —.

El chofer, ahora actor principal, señala a con su dedo índice a un vendedor de helado de hielo molido, entiéndase: cepilla’o.  Con ayuda de su «español maracucho» hace su orden, bien especifica y sin titubeos: «Uno de limón, mollejúo». Momento en el que aprovecha para negar enfáticamente con la cabeza: «No, no, no, ¡este calor es demasiado!». —El actor principal presiona el botón play y cantan los músicos—.

Ocurrente Maracaibero, Marabino o Maracucho, cualquiera que sea el gentilicio, esto es un territorio que aunque las posibilidades de supervivencia parezcan limitadas, nunca faltará el ser pintoresco, espontáneo, alegre, exagerado y de buen humor que le ponga su particularidad a las situaciones del día a día, que por más serias que parezcan no se salvan de llevar su toque de comedia.

La ciudad va más allá del sol, lago y puente,  está llena de artistas natos e innatos que para entenderlos hay que observar su ambiente. Un terruño donde la arquitectura moderna con la tradicional converge con diferentes manifestaciones sociales. Guarda en su historia la grandeza de haber sido el escenario donde se proyectó la primera película en el país durante el año 1896 y el título de capital de la Republica Independiente del Zulia en 1821.

Su voceo y acento único le da un toque de diferencia que permite identificar a quien es propio de la segunda ciudad más importante de Venezuela. A pesar de su sentimiento fraternal de confianza plena, no siempre es bien recibido cuando está de visita en otros estados del país, pues los estereotipos sociales han etiquetado a este pintoresco personaje como una persona a quien se le hace difícil seguir las reglas y mantener la «compostura», quizá, eso es el resultado del amplio sentido de imaginación que le permite crear el quehacer diario en su cotidianidad dentro de lo que consideran la mejor ciudad de la bolita del mundo. Se cierra el telón.

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