Siempre hay que regresar a «casa»

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Hoy estuve respondiendo algunas preguntas durante una entrevista de personalidad que me hacía Francia –una estudiante de Comunicación Social–. Preguntas que me hicieron desempolvar algunos recuerdos de mi niñez que por algún motivo la rutina se los había guardado. Eso me gustó, pues pocas veces nos detenemos para recordar nuestra infancia.

Ahora respiro cierto aire de nostalgia y no porque sea un sábado y esté en casa escribiendo esto. Nostalgia, porque el tiempo, en ese entonces, parecía ir más despacio que ahora. Se me podía ir el día armando un rompecabezas y lo único malo que podía pasar era no terminarlo. No existían responsabilidades ni preocupaciones; el agobio no era parte de esos días.

Es lógico que durante el aprendizaje tengamos que ir dejando atrás algunos ciclos para alcanzar la adultez. No podríamos quedarnos como niños para siempre; pero, hay cosas de esa época que por más adultos que seamos no deberíamos perder y me refiero a esa función combinadora de la que habla Vigotsky en su libro La imaginación y el arte en la infancia.

No se puede tomar como regla general que la infancia sea un sinónimo de felicidad. Ir escuchando los testimonios de otros que subrayan sus momentos duros durante esta etapa de su vida me permite reflexionar sobre la capacidad que tenemos de reelaborar y crear, con elementos de experiencias pasadas, nuevas normas y planteamientos que nos lleven hacia lo que queremos. Se me ocurre una frase: «Oponerse al olvido del pasado, resistirse a perder el buen sabor de la infancia y tratarse bien para desempeñarse en el futuro».

Con palabras melancólicas respondí algunas preguntas de los primeros años de mi vida. Mientras lo hacía me detuve a pensar que era allí, en la infancia, el momento en el que todos atravesamos por la competencia inconsciente de crear y mostrar nuestros talentos que marcan gran parte de las habilidades que desarrollamos en ese ciclo adulto.  Joseph O’Connor lo confirma con la Programación Neurolingüística. Y por cierto, esas habilidades siempre suelen ser las mismas que finalmente nos permiten sobrevivir en esta «jungla de concreto». Por ejemplo, podemos revisar la historia Mozart a los tres años; Mendelssohn, a los cinco; Haydn, a los cuatro. Mentes brillantes que, desde entonces, mostraban sus talentos.

Si nuestros días se limitaran a reproducir el pasado, seriamos el resultado de un ser envuelto exclusivamente en el ayer e incapaz de adaptarnos al mañana diferente. Ese mañana que nunca hemos visto y que, a pesar de no tener forma alguna, podemos visualizarlo. Tenemos una idea, una imagen.

Si le preguntáramos a Wikipedia qué tan rápido vamos, no tendría una repuesta y no la tiene porque no tuvo infancia. Si me lo preguntaran tendría que detenerme y mirando fijamente afirmaría que vamos muy rápido y en medio de la prisa, que sugiere el día a día, la vida se nos queda atrapa en una oficina o en un conflicto; nos perdemos de los detalles que nos regaló la infancia, esos detalles principales que siempre serán un salvavidas: fe, confianza y esperanza. Abraza a tu niño interior y ten presente que siempre es bueno recordar, siempre es bueno regresar a «casa».


3 respuestas a “Siempre hay que regresar a «casa»

  1. felicidades amigo me encanto tu articulo, hoy me hiciste recordar mi infancia, y la inocencia de antes, te envió muchos éxitos y bendiciones,….. besistos

  2. Luego de leer tu articulo, recordé tu infancia, cuando tenias apenas 8 0 9 añitos y escribias cuentos, escribias para el colegio para decir algo sobre una fecha importante, desde niño tenias la vocación de ser periodista, dios te bendiga y sigas cosechando mucho más éxitos y que siempre viva en ti ese niño lindo e inocente q llevas dentro, te amo

    1. Qué bonito leerte por esta vía, querida madre. Recuerdo algunas escenas de esa edad. No había miedo al hablar en público, más bien estaba esa necesidad de hablarle al público y compartir detalles que para ese momento consideraba importante. Tu siempre fuiste ese permiso y ese apoyo que necesité para estar donde he llegado. ¡A seguir haciendo!

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