Más despacio, por favor

Fotografía: Luis Ynciarte
Fotografía: Luis Ynciarte

A lo largo de la historia las culturas han negociado con el tiempo: egipcios, romanos, babilonios… Hay calendarios para todos los gustos; unos solares, otros lunares y algunos mixtos. Todos, sin excepción, buscaron la forma de administrar sus días y si me lo preguntan, seguimos en esa constante búsqueda.

A veces me cuestiono a dónde vamos con tanta prisa y es que siento que estamos perdiendo el alma, que se mueve despacio, sumergidos en una sociedad que se mueve rápidamente. Da vértigo vivir así y seguro te ha paso que quieres  gritar: «¡Paren el mundo que aquí me bajo!» Eso no es más que la necesidad de quietud interior, una pausa pedida a gritos.

Casi todo lo realmente maravilloso para nuestras vidas es gratis; pero, hemos olvidado el gusto por las cosas sencillas: un amanecer en el campo, el abrazo amoroso de tu madre, el beso amante o caminar por la orilla de la playa, por ejemplo; lo único que necesitamos para vivirlo es tiempo y disposición, ¿lo tenemos o lo queremos?

Lamentablemente, la única forma de aprender a valorar el tiempo es cuando nos enfermamos, sufrimos una tragedia vital o nos hacemos viejos. Caemos en cuenta que el tiempo es parte de la eternidad, de lo inasible. Y aunque suene loco en esta sociedad de consumo, el tiempo vale mucho más que el dinero porque es lo único que no se puede acumular.

No se trata de correr o parar con respecto a lo que hacemos, más bien se trata de tener criterios para saber cuándo hay que correr y cuándo se debe parar. Parar no es sinónimo de pereza, me refiero a la lentitud y la paciencia como estados del alma. Siempre recuerdo al fotógrafo Albert Frangieh cuando, durante una conferencia en la universidad, dijo: «La paciencia es la madre de las virtudes». ¡Cuánta razón, Frangieh! Paciencia y tiempo.

El reloj de vez en cuando actúa como tirano, abandonarlo supone iniciar una especie de placer con nosotros mismos. Lo que parece aconsejable es que también lo abandonemos en alguna ocasión «normal», cuando almorzamos con un amigo o cuando hablamos con nuestros hermanos.

Entiendo que nuestro espíritu joven siempre nos lleva a buscar más. No puedo dar grandes consejos porque yo también estoy caminando pero he aprendido que es necesario visualizar metas, establecer prioridades y darse tiempo para esperar. Deja de correr en círculos y confía que el futuro se va a resolver como debe ser. ¿Podríamos rescatar algo de lo que perdimos antes de que sea demasiado tarde? Más despacio, por favor.


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