Dos meses después: así es Caracas

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Estaba lavando los platos del almuerzo; por cierto, almorcé la mejor pasta que había hecho en toda la historia de mi vida. A lo lejos, en medio de la silenciosa paz de un domingo, escuché dos detonaciones con semejanza a fuegos artificiales. De inmediato, pensé qué celebramos hoy, ubico la fecha en el calendario, 16 de noviembre. Lo recordé: hoy hace dos meses que llegué a este Valle, a la bonita Santiago de León de Caracas

Hoy, exactamente dos meses, Dios me dio la oportunidad de darle un giro a mis días maracuchos. Hace dos meses, como cualquier venezolano deseoso de echar pa’ lante, decidí cambiar de ambiente y casarme con la convulsionada y  moderna Caracas. Desde entonces, como cualquier mortal, me toca enfrentar el intento obligado de abordar algún vagón de ese sistema subterráneo que moviliza a más de cuatro millones de personas diariamente.

Cuando pise Caracas, grité a las nueve de la mañana: “¡Buenas noches, Poliedro!”. Necesitaba hacerlo porque sabía que pisaba una tierra que no iba a parar de sorprenderme. Así ha sido. Puedo salir de la oficina y quizá encuentro un concierto de vientos en una plaza popular o tal vez para ir al trabajo me toca sacar el paraguas y caminar bajo la lluvia. Otros días me toca dormir, envuelto como un tequeño, huyendo de los 20 grados centígrados que atacan en la noche. Más allá de la prisa de los caraqueños, esta tierra siempre tiene algo para llamar mi atención. Siempre lo logra, mucho más cuando me muestra esos paisajes que me sorprenden un jueves a las 4 de la tarde.

Sigo lavando los platos y reflexionando. Hay muchas cosas en las que uno piensa cuando va a tomar la decisión de mudarse de su ciudad natal: la familia, los amigos, el temor a lo desconocido, salir de esa zona de confort de la que ya estamos acostumbrados. Todo es válido. Pero, algunas decisiones como mudarse son las que te permiten conocerte.

Es decir, despertar a la vida y encontrarse realmente con uno mismo: aceptarse plenamente, ponerse en valor, tener confianza,  conectar con nuestro propósito vital y tener la conciencia de estar en el camino que te llevará a lo que deseas. Creo que la única forma de llegar ahí es buscando espacio para uno mismo, debes concederte el espacio y el tiempo que necesitas, debes conectar con tu grandeza, debes aceptar tus miedos, comprometerte con el cambio y dar gracias por tu vida.

Poco a poco Caracas te ayuda a descubrirte, a encontrarte. También te ayuda a conocer que tan bueno eres en la cocina, de pronto Google Maps se convierte en tu mejor aliado, conoces nueva gente que alegran tus días. Con el tiempo te das la oportunidad de extrañar y valorar. Vas entendiendo la vida y descubres quién no, quién sí y quién nunca. Te ayuda a cumplir tus sueños y hace que crezcas profesional/personalmente. Dos meses después: así es Caracas.

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2 respuestas a “Dos meses después: así es Caracas

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