Las muletillas y otras historias de error

Las muletillas son comodines, de los cuales hay que alejarse porque se convierten en palabras abstractas que empobrecen la expresión hablada o escrita.

Las muletillas son comodines, de los cuales hay que alejarse porque se convierten en palabras abstractas que empobrecen la expresión hablada o escrita.

Si escribís o habláis, esto te interesa. Las muletillas son más frecuentes y suelen ser el  fantasma que persigue a quienes escribimos o hablamos en público; pues, en su mayoría, no nos damos cuenta que hacemos mal uso de estas frases que vamos lanzando de forma automática. Le ocurre hasta a los personajes de más alto nivel. Pero, repetir ciertas frases proyecta falta de dominio y afecta tu imagen al hablar.

Afirmo con preocupación: las muletillas se extienden como una moda y no quiero pasar como fatalista pero siempre serán innecesarias. Además, denotan torpeza y pobreza lingüística. Suelen ser utilizadas en diferentes ocasiones según su finalidad, por ejemplo:

  • Queréis llamar la atención y mantener el interés del interlocutor: Esto… ¿qué te iba a decir?, mirá, ¿verdad?, ¿no?, ¿este qué?, en fin…
  • Intentáis controlar el turno de palabra: escuchame algo, ya va, o sea…
  • Ganáis tiempo en el discurso, lo que te permite pensar sobre las ideas que estáis exponiendo: es decir, como si dijéramos, pues, este que…
  • Buscáis la comprensión y complicidad con el interlocutor: ¿entendéis?, ¿sabéis?, ¿me explico?, ¿sí?, ¿vale?, ¿ya?, ¿me sigues?, ¿no?

Las muletillas son comodines, de los cuales hay que alejarse porque se convierten en palabras abstractas que empobrecen la expresión hablada o escrita. Podéis mantener un discurso exquisito pero apenas caigáis en el uso recurrente de muletillas la audiencia lo percibirá, lo identificará y se enfocará en el minucioso uso de aquella palabra. Pero, ¿cómo te dais cuenta cuál es tu muletilla más frecuente cuando habláis? La mejor manera es grabarte, ya sea en voz o en vídeo, pero te será más útil. Te doy un ejemplo. La próxima vez que dejes un mensaje de voz escúchate y vais a saber que tan fluido es tu discurso; además, averiguar cómo se oye tu voz es una cuestión que no a todos les agrada pero que es necesario para mejorar lo que haya que mejorar.

Aprovecho también para contarles acerca de las redundancias, esas de las que no somos conscientes de lo molestas que llegan a ser, si no, no las utilizaríamos; lo peor, resulta una especie de contagio. Y es que esa necesidad de mantener el discurso durante más tiempo o impresionar con una expresión un tanto retorcida, favorece la aparición de expresiones de este tipo que se caracterizan por su alto valor redundante y su bajo nivel de aporte significativo.

Estas redundancias son producidas por la dilatación de la expresión. A pesar de que los libros de estilo aconsejan expresarse con el menor número posible de palabras y huir de construcciones que nos apartan de la claridad y precisión, esto no siempre ocurre. Pongo varios ejemplos:

  • En mi opinión personal, la ponencia estuvo aburrida: todas tus opiniones son personales, de no ser así, no fueran tus opiniones.
  • Con la compra de este producto te lleváis, completamente gratis, un regalo: perdón, pero todos los regalos son gratis.
  • Hacé tus reservaciones por adelantado: las reservas siempre son adelantadas porque sin reserváis después de ir, no tiene caso.

Y otras como: un período de tiempo, hechos reales, tengo el grato placer, lo vi con mis ojos, almorzar al mediodía y así sucesivamente… Las redundancias como: subir arriba, bajar abajo, entrar dentro, salir fuera, suponen un vulgarismo; por tanto, serían censurables desde un punto de vista normativo.

No podría terminar este artículo sin hacer referencia a lo que la mayoría de los autores preocupados por la pureza del lenguaje consideran. Las redundancias deben evitarse y censurarse, siempre y cuando no posean un valor expresivo a lo que también se le conoce como pleonasmo. Sin embargo, dado lo difuminado de la frontera entre pleonasmo y redundancia, yo censuraría sólo las expresiones claramente vulgares y aprovecharía las demás como pretexto para la reflexión y adquisición del vocabulario. El uso excesivo de muletillas y frases redundantes siempre serán una historia de horror para quienes te escuchen o lean.

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