Viajar es mejor que llegar

WhatsApp-Image-20160728Miércoles, 20 de julio: 7:20 de la noche. Hay largos abrazos de despedidas en el pasillo de salida nacional del Aeropuerto Internacional “La Chinita”. Había escuchado de esta historia antes. Había visto las despedidas antes. Era yo quien abrazaba para despedir a alguien, antes… Pero, esta vez me despedían a mí. En ese momento no sabes que sentir, sencillamente llevas adelante tu plan y listo: ya todo empezaba a cumplirse y estás emocionalmente «congelado».

Me despedían porque estaba próximo a tomar un vuelo desde Maiquetía, Caracas hasta Quito, Ecuador. Según mi plan, esta sería una larga temporada en el país ecuatoriano. Demás queda la explicación y el porqué de mi salida inusual del país. Nadie quiere irse de su casa, nadie quiere abandonar su historia para comenzar otra; pero, a esta generación eso nos ha tocado.

Son unos 50 minutos de vuelo entre Maracaibo y Caracas. En medio de una profunda meditación piensas que estás a punto de volar un trayecto del cual pasará tiempo sin volver a transitar. Según el plan de Dios, esto no iba a ser así.

Mi asiento del lado izquierdo estaba solo. Pero minutos, antes de despegar, escuché alguien preguntar muy amablemente: «Permiso, ¿puedo sentarme aquí?». Siempre he votado por la cortesía; así que, aunque quería estar solo, queda claro que podía sentarse allí. Está interrupción terminó siendo uno de los 50 minutos más cortos y divertidos que he tenido en mi vida. Por suerte, quién ocupaba ese asiento izquierdo resultó ser la compañía que cualquiera quiere tener mientras va volando por la vida; pero, una vez más, también tocó despedirse, momentáneamente.

No puedes abordar

Después de esperar en algún asiento incómodo de Maiquetía, fui cuatro horas antes de mi vuelo a chequear mi salida en el counter de Copa Airlines. Al llegar mi turno, después de los buenos días, sigo el protocolo y entrego mi pasaporte e itinerario de vuelo. Mientras me registra, la ejecutiva de la aerolínea se levanta y busca a la gerente de turno, ambas miran el monitor de su computador y consagrando su silencio incomunicativo preguntaron: «Vas como… ¿turista, trabajador o qué?». Sin mucho que pensar ni explicar, contesté: «Turista».

La gerente de turno, en medio de tanta carencia de atención, dijo con tono de sentencia: «¡No puedes abordar!». Puso el pasaporte en el mostrador y sostenía con su cabeza la negación. Casi rogándole y pidiendo me explicara el motivo de su decisión dijo que mi boleto de regreso superaba el tiempo límite de 90 días como turista en Ecuador: lo superaba por tres días, 93.

De las cuantiosas veces que fui y llamé a la aerolínea mientras gestionaba el boleto nadie tuvo la delicadeza de tan siquiera hablarme de esta normativa que obviamente desconocía. La gerente, a quien le queda muy grande su trabajo de servicio de atención al cliente, se lavó las manos y aseguraba que era mi responsabilidad informarme de los requisitos migratorios de mi destino.

Mientras intentaba buscar una solución, esta gerente intransigente, me dijo que la única forma de solucionar esto era llamando al Call Center de Copa Airlines para cambiar la fecha de retorno donde tendría que pagar una penalidad con una tarjeta de crédito en dólares estadounidenses. Soy un venezolano mortal, a las 3:38 de la madrugada, en medio de un aeropuerto internacional, ¿creen que tendría forma de hacer ese pago?

En la fila de chequeo intenté negociar con varios pasajeros (visiblemente extranjeros) para pagar con su tarjeta de crédito y darles los dólares en efectivo pero ya saben… Estaba en la ciudad más violenta del mundo según el informe publicado por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal en enero del 2016. Les aseguro que pocos se atreverían a brindar su ayuda en esa hora, en ese lugar y por ese medio.

Más de dos horas me llevó intentar darle una solución a este problema, llamando por teléfono a quienes sabían de mi vuelo, acercándome a quienes aparentaban tener una ayuda. Todo porque las representantes de Copa desconocieron que atender no significa automáticamente atender bien. Y como escribí en este sitio hace unos artículos atrás: Sólo atendemos bien cuando ayudamos, cuando servimos. Lejos estuvo Copa Airlines de eso.

El vuelo cerró y yo me quedé. Me quedé mirando la obra de Cruz Diez. Reflexionando que todo había estado muy cerca. Pensando en la forma cómo había nacido aquella gerente. Cuestionándome cómo carajo es que ese tipo de personas llegan a tener un trabajo de trato tan directo con el público. Ahí me quedé, nomás.

Un lugar de vuelta

Ya jueves y sí: decepcionado y triste, dos palabras que no suelo unir en la misma oración pero que la circunstancia me obligó… Sabía que no todo había pasado, apenas empezaba, apenas amanecía. Tocaba encontrar un boleto de regreso a Maracaibo, eso implicaba una tarea titánica. No sólo por no tener dinero ni forma de pago en bolívares. Sino por la alta demanda y baja oferta de vuelos que lamentablemente vivimos los pasajeros de aeropuertos nacionales.

Mi mamá, mi siempre fiel compañera, logró pagar desde Maracaibo un cupo en un vuelo para el viernes a las 6:15 de la mañana. Sin otra opción, no tuve alternativa que acomodarme en otra silla de la insensible Maiquetía y enfrentar unas veinticuatro horas más tratando de buscar el lugar de vuelta a donde pertenezco.

A quienes les cuento esta historia dicen: “Es que Dios tiene algo mejor para ti”. “No era el momento de viajar”. “Por algo pasan las cosas”. Quizá, sí. Creo que definitivamente existe alguien que nos ve desde allá arriba. En mi creencia, es Dios siendo Dios que hace que podamos aprender, recibiendo lo mejor. A veces la vida nos sorprende y llega algo inesperado que cambia los planes. Y ese plan resulta ser mejor que lo que nosotros queríamos. Lo he experimentado en carne propia, probablemente estoy en ese momento. ¿Qué hacer? Nada, dejar que fluya y agradecer todas las bendiciones. Tomar fuerzas, seguir. Tal como decía Mario: “No estancarse, estés donde estés”.

Una vez estaba viendo una película y dijeron: “Viajar es mejor que llegar”. Yo dije: “¡Mi alma!”. Y es que yo antes creía que había un sólo camino para llegar a donde quieres y para alcanzarlo había que dejar todo lo demás. La verdad, tiempo después, las vivencias me llevaron a reflexionar que lo que pasa en el camino es lo que cuenta: esos tropezones, las caídas y las amistades que sin conocerte te dan una mano. Es el viaje, no el destino. Tenemos que aprender a confiar que el futuro se va a resolver como debe ser. Gracias, Dios. Gracias, Jenimar. Gracias, Mario S.; gracias, Jesús Alberto. Gracias, Mami; gracias, papi por ayudarme a entender que viajar es mejor que llegar.

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4 respuestas a “Viajar es mejor que llegar

  1. Pide un reembolso, la aerolinea esta en el deber de hecho nose como emitieron un boleto asi, cuando vas a comprar algo debes preguntar todo o ir con alguien que lo haga, mi consejo pregunta es gratis alguien siempre ayuda. Saludos y pa lante se como te sientes son vivencias que uno va aprendiendo.

  2. Conocer el mundo y sus grandezas es uno de los sueños más frecuentes y apasionados en el ser humano pero a veces viajar deja se ser un placer y se convierte en una obligación que nos mantendrá alejados por un buen tiempo de nuestros seres amados.

  3. Con muchas experiencias similares vividas, en el mismo aeropuerto, puede decirse que nuestro nivel de paciencia y la tolerancia se han perdido por la vida cotidiana que, tal vez, la mayoria de nosotros tiene en la actualidad. Personas que ofrecen un SERVICIO al cliente deben, como bien lo dijiste, servir, ayudar, hacer el bien sin mirar a quien. La mayor gloria del ser humano no esta en no caerse, sino en levantarse cada vez que caemos. Eres un profesional. Aca, el objetivo no fue logrado, pero sea en Maracaibo o donde sea, siempre se dice que el tiempo de Dios es perfecto. Vendran mas obstaculos, pero a su vez mas logros, mas frutos, mas exitos. Mi admiracion y respeto de siempre, siempre impecable, Un abrazo

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