Callar o hablar, susceptibilidades de la verdad

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Pensar mucho y callarlo todo no es una opción

Ojalá pudiéramos aprenderlo todo de repente, saberlo todo de repente. Pero, la vida no funciona así y si funcionara así, no fuera vida. Cada decisión y acción nos deja una enseñanza. En lo particular he aprendido a sacarle el mejor provecho a los resultados de cada una de las opiniones que he dado para fortalecer el valor de la personalidad. Escribo en honor a las caídas y los tropezones.

 

Desde una mirada más amplia considero que decir lo que pensamos y pensar lo que decimos es una estrategia de vida que lleva dos partes: la primera, consiste en decidir qué se piensa; la segunda, decidir si opinar o compartir lo qué se ha pensado. Decidir, como verbo activo, nos conduce a la importante tarea de considerar la forma que le damos a la opinión que vamos a emitir, esto supone ser un comunicador activo y reflexivo: una característica de ser asertivo. 

Decir la verdad algunos lo consideran susceptible, por ello muchos están entre las dos opciones: callar o hablar. Si bien es cierto, somos absolutamente responsables de las palabras que usamos para expresarnos, de elegir el momento en qué lo haremos y de usar el tono emocional más adecuado para no causar confusión o malestar. La decisión entre callar o hablar significa una radiografía de nuestros valores y la madurez emocional alcanzada.

Hay personas que se creen sinceras, porque dicen lo que piensan sin pensar cómo se sentirán las demás personas con su opinión; generalmente, causan más daño que bien con su comentario. Denominemos esto: sinceridad ácida, un término esparcido en nuestra sociedad.

Pensar mucho y callarlo todo no es una opción

Cada vez que nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y acciones van en direcciones diferentes y contrarias a lo que queremos decir se produce un conflicto de comunicación intrapersonal. Algunos, con la excusa de que la vida es así, lo resuelven. Este conflicto del que les hablo hace que algo no funcione bien en el proceso de intercambio de ideas intra e interpersonal; por lo general, suele ser una molestia que produce un efecto negativo instantáneo.

Quienes guardan mucho, pronto estallan; lo sueltan todo junto

¡No vale la pena guardar! ¡Menos postergar! El momento en el que afrontaremos la situación y diremos la verdad de lo que pensamos o sentimos alimentaremos la sinceridad y el autorespeto. Aprendemos a valorarnos: como individuos, como creyentes, como humanos. Sé que a veces tenemos las ganas incontrolables de gritar lo que opinamos sin medir el número y la calidad de las ideas y sugerencias. Esto hace que no nos demos la tarea de ordenar las ideas en lo que vas a expresar, en cómo lo vas a hacer. Esta reflexión deja saber que cuando tengas duda de hablar o expresarte es mejor guardar silencio si es que no hay algo mejor que aportar.

Tal vez la opción sea guardar silencio frente a alguna situación. Sería interesante darle significado al elemento del silencio dentro de la situación que se desea no comunicar en virtud a los actos anteriores y  las relaciones que se desarrollen entre quienes participan en el momento.

Para tener relaciones más sanas y serenas en todos los entornos, siempre es necesario detenerse a reflexionar sobre aquellos comportamientos y actitudes que se tienen habitualmente y no funciona.

El tomar conciencia de lo que no va, sirve para cambiar y modificar comportamientos.

Al principio cada vez que piensa qué decir; pero, lo guarda silencio y siente que va por el lado equivocado, una especie de alarma interior indicará que se está por caer en un comportamiento que no funciona, lo mejor es decir lo que pensamos; pero,  pensar lo que decimos.

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2 respuestas a “Callar o hablar, susceptibilidades de la verdad

  1. Excelente! Hasta libero mi mente de una tensión causada por malas palabras escapadas en una situación en la cual era mejor callar o detenerse por un largo periodo y esperar para escoger mejor como actuar.
    Sirve de estudio y practica para hacerlo mejor la siguiente vez.

    Siempre que reviso por aquí, encuentro mas razones para seguir sintiéndome muy orgullosa de ti, Luis!
    Un abrazo! Dtb.

  2. Muy acertado tu artículo, yo estoy en un dilema a veces quiero opinar para defender mis criterios, pero no digo nada porque de esas personas que critican mi pensar, se que no les importa ni tratan de comprenderme, precisamente opiné algo ayer, y me tildaron de ignorante, pienso, a veces opino, pero a veces no, quizá por miedo

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