Emigrar no es renunciar

No es más patriota el que se queda ni menos venezolano el que se va.

Llevo dos días de mucha angustia por toda la situación que está… No, perdón, así no quiero comenzar…  Quiero decir. Llevo toda la vida mirando a un sólo gobierno al mando nacional de mi país.

Crecí con la cara de un tipo en unas que otras paredes de quien sentía me seguía con la mirada, no era El Libertador quien sí tenía un lugar honorable en los libros de Historia de Venezuela. Al tiempo, ya no eran algunas paredes, sino también su rostro estaba en las instituciones públicas con grandes murales; yo, suponía su normalidad por ser presidente para entonces.

Pero, mientras más crecía, también crecía el rojo viral en mi país. Era como una epidemia que nunca me fijé en lo rápido que pasaba, pero que sentía el malestar: venía con odio, agresión y división, sin “antibióticos electorales” que lo detuviera.

De repente la gente empezó a salir del país con boleto ida y vuelta pero sin nunca utilizar el retorno, escuchaba que el amigo del amigo de mi amigo se había ido y era full extraño escuchar eso. Supuse que tenía mucha plata como para hacerlo y emigrar. Después el primo, del vecino de mi amiga, también se había ido, así fue comenzando hasta que me tocó despedir a amigos, gente cercana, personas que quería con el corazón. Pero, yo seguía ahí aunque con la sensación de estar quedándome sólo; sin embargo, después me entretuve en otras vainas de chamos.

Escuchaba a mi mamá y mi papá decir que la cosa estaba difícil; pero, aun así tenía mi plato de comida que no sé cómo encontraban porque aún no me tocaba buscarlo; la verdad, no me preocupaba en saberlo… Les cuento rápido: egresé de la universidad, me puse serio, me tocó ejercer y de repente empecé a ver unas extrañas colas para comprar comida. Eso que veía era la punta del iceberg. Aun así, tenía muchos motivos para quedarme y hacer de mí país, EL PAÍS

Luis Sánchez, Psicólogo, venezolano residenciado en México

He trabajado en mis debilidades: en mis independencias, sobre todo. Le he dado valor a lo que realmente lo amerita como la familia, los lazos, las amistades. Irónicamente, estar lejos te hace conectar contigo mismo por tu propia independencia.

Tiempo después llegué por casualidad a un canal con más rojo por todos lados, más rostros con sonrisa fingida y unos ojos despreciables en murales que desde hace tiempo dejaron de parecerme normal. Quería ejercer, hacer televisión, buscar noticias. Fue un conflicto de intereses. Hacía lo que me gustaba; pero, no ejercía como quería: no podía. Era eso autocensura que es peor que la censura.

Pensé que podía soportarlo pero entre la represión de lo que podía decir y la crisis de mi sueldo que era mucho menos de un salario, terminé improvisando en unos de los noticieros en vivo: le renuncié a aquella epidemia roja porque me cansé a su miseria. Y sí, eso me costó: me costó más represión, me costó acoso, me costó amenazas, me costó mi prolongado desempleo. Sentí el miedo del periodista al intentar probar la libertad de expresión en un país democrático, aunque se lea retorcido.

Rosedaly Contreras, Periodista, venezolana, residenciada en Argentina

Conseguí un grupo de gente hermosa que me tendió la mano en los momentos más difíciles. Uno viene de la casa de los padres, con tu gente con tus amigos y de repente te vas a un país completamente distinto aun cuando se habla la misma lengua y uno está sólo con la platíca que se logre producir, si es que uno encuentra trabajo.

El veto periodístico con el que cargué me llevó a vivir unos meses sin tener con que pagar nada. Me tocó regresar a mi casa y agarrar fuerzas para decidir. Intentar sobrevivir con unas que otras clases de daba de yoga. Estuve varios días encerrado en mi habitación, asimilando mi realidad. Intentando buscar las oportunidades, pensando en renovar mis ideas… pero, no encontraba de otra que elegir por una emigración económica que desde el fondo era política.

La idea de soltarlo todo me dolía, dolía en el corazón. No, no era una opción dejar de abrazar a mi hermana, no tenía como opción dejar de probar las panquecas de mi mamá, nunca fue opción: hasta ese día. Y no, no tenía dinero reunido, no era como creía que lo hacía todo aquel que se iba que pertenecía a una alta clase social. Y… no, tampoco fue fácil decidirlo.

Naireth Araujo, Abogada y Politóloga, venezolana residenciada en Chile

Definitivamente, el que esta lejos de su casa y su país lucha el doble, lucha por ayudar a su familia que dejamos a lo lejos y luchamos por establecernos en donde estemos, así que abandonamos nuestros lujos, nuestras comodidades, nos volvemos adictos al trabajo para no pensar.

Estoy, al igual que la mayoría de venezolanos, triste y angustiado. Venezuela vive ahora un viaje a la inversa que muchos de América hicieron a nuestro país. Colombianos en búsqueda de oportunidades en Venezuela o aquella posibilidad de ser recibidos con los brazos abiertos en Estados Unidos por el alto valor de nuestra ahora secuestrada moneda. Y si no, miren cuántas familias Alemanas, Italianas y Asiáticas se instalaron cómodamente en nuestro país por ser un destino lleno de riquezas de todo tipo.

Yo decidí salir por mis medios. Pero, de nuevo frente a otro conflicto de intereses: Yo Vs. Los Míos. Salí de mi país porque no encontré más oportunidades, porque vivir con miedo no es vivir: vivir con el Credo en la boca sorteando la “suerte de vivir” no lo merecemos como humanos. Corrí de mi país porque me sentía deprimido y estancado por no poder aportar, producir y mucho menos aspirar. Una percepción muy propia que cualquiera podría diferir; pero, que al final, fueron mis motivos y mis circunstancias.

Lucy Urribarri, Administradora de Empresas, venezolana residenciada en España

Creo que todos los que hemos salido del país lo dividimos en dos realidades: lo bueno y lo malo. Me tocó dejar toda mi familia, mi trabajo, mis amigos. En pocas palabras tuve que dejar toda mi vida. Todo lo que hice con amor, con estudios, con esfuerzo e irme sin nada en búsqueda de calidad de vida.

En mi última conferencia antes de salir del país, pensaba en esta frase: No es más patriota el que se queda ni menos venezolano el que se va. Cada quién vive la lucha desde donde puede y quiere. Supongo, hay que verle el lado positivo, ¿no? Ahora tengo amigos en Colombia, colegas en Perú, crush en Argentina, exjefes en Panamá, panitas en Chile, vecinos en España, familiares en Estados Unidos y hasta exalumnos en México.

Unos tantos amigos me preguntan: ¿vas a regresar a tu país? ¡Claro que sí! La historia es así, todo pasa, todo se acaba. Pero, aun no llega mi momento para retornar; para retornar la otra parte de mí, porque la verdad es que creo que nunca uno termina de irse de Venezuela. Mi razón de ser se quedó allá, mis pensamientos se despiertan y duermen allá, cuando necesito hacer una llamada para recuperar mis fuerzas la hago para allá. Por ponerlo simple, uno es un pedacito de Venzuela caminando por las calles de otro país. Digo esto porque yo siento que muchos emigramos; pero, no todos renunciamos a nuestro país.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s