¿Quién apagó Venezuela?

Una historia contada jamás será igual que a una historia vivida. Nuestra esencia de comunicar nos lleva a escuchar vivencias e historias para darle forma y sentido a aquello que nos cuentan, nos imaginamos las situaciones y hasta se nos puede erizar la piel por pura empatía; pero, nunca logramos del todo sentir con cada fibra del corazón aquello que escuchamos… Hasta que lo vivimos.

Preparé mis maletas para visitar a mi familia en Navidad y Año Nuevo. Había pasado un año desde mi última visita a Venezuela. Sabía que mi país no estaba bien, lo decían los diarios, mi familia, los estados de Facebook de mis amigos; pero, no hay comparación de lo que cuentan a la realidad que se vive en mi país: con seguridad afirmo que la situación en Venezuela puede ser peor que la de un campo de refugiados.

Hoy, desde Ecuador, país donde elegí volver a empezar, me pongo a sumar todo lo que pasa en Venezuela y pienso en los míos que siguen allí. Y al igual que todos los que tomamos la ruta del vuelo migratorio, no salimos de nuestro nido: huimos de él. Huimos de que nos arrebataran el éxito y la profesión, huimos de que nos quiten las ganas de seguir y corrimos por el temor que la inseguridad nos silencie hasta la vida misma. Pero, cuesta, nos cuesta un precio muy alto dejar de abrazar a la familia y solo tenerlos en la distancia de los días.

Hay noches donde el insomnio tiene nombre de país.

Regresar de visita al país donde nací significa la alegría de estar junto a quienes te hacen falta en medio de tanta distancia, aunque sea por un ratito. Pero, en este tiempo que estuve de regreso a Venezuela, siento que el país retrocedió 10 años más. Cada vez que me preguntan: ¿Cómo te fue en Venezuela? Tengo un remix de sentimientos sonando en mí, una mezcla de alegría, tristeza y añoranza porque la crisis venezolana se siente con la gran falta de alimentos, medicamentos, dinero en efectivo, agua y hasta de electricidad.

La situación no está dejando muchas opciones para tener expectativas de calidad de vida con serias limitaciones. En los supermercados hay saqueos. Pues, un sueldo mínimo no alcanza para comer. Mi paso por la Venezuela exchévere me mostró el padecer de un país. En una farmacia una señora preguntó por unos seis medicamentos para su tratamiento, pero no encontró ninguno de los que estaba en su récipe. En el mostrador de una panadería, un señor devolvió un pan por no tener el dinero para comprarlo, quién sabrá si ese señor se habrá dormido sin comer. En las afueras de un supermercado había una fila de venezolanos que esperaban que vendieran artículos de primera necesidad mientras que en el mismo lugar pillaron a un hombre robándose unas rebanadas de jamón, tal vez para intentar llevar a casa.

Al cierre del 2017, las firmas privadas hablan de una hiperinflación con una variación anual de 2.700%, quería confirmar esto pero el Banco Central de Venezuela no publica los datos desde el año 2015.

Ahora, en la tierra donde nací, hay “balseros” que arriesgan sus vidas en el Caribe. Sí, tal como llegaron a leer en Cuba, ahora sucede en el país con mayor volumen de reservas de petróleo probadas del mundo con más de 298 mil millones de barriles de petróleo registrados. Algunos la pasan tan mal que prefieren arriesgar su vida en embarcaciones intentando llegar a las costas de Curazao, ya cinco personas murieron al intentar esto para escapar de la realidad en la que viven.

Para el 2018, los expertos vislumbran un panorama de mayor escasez de alimentos y en consecuencia, más hambre.

Desde enero del 2106 el país caribeño se mantiene en estado de excepción y emergencia económica. Al día, dos años después, el escenario es mucho más grave bajo la premisa de una supuesta “guerra económica” que anuncia el Estado. Sumado a esto, la subida casi diaria de los precios de la tasa de cambio del bolívar respecto al dólar en el mercado paralelo debido a al control cambiario que se mantiene desde hace 15 años.

Diariamente, el servicio eléctrico en algunos estados sufre cortes programados de dos, tres y hasta cuatro horas. En repetidas ocasiones el servicio de telefonía móvil tiene caídas por fallas en las plataformas. Adicionalmente, en diferentes ciudades, hay problemas con el abastecimiento de la gasolina.

Para tener el combustible los autos pueden tomar varias horas en la fila.

Encontrar una casa con teléfono local es difícil, pues en su mayoría, la ciudad ha sido víctima del robo masivo del cableado que ha dejado sin servicio telefónico y de internet a muchos. Debido a la situación económica del país, hay quienes se arriesgan a pelar el cableado para extraer el cobre y venderlo. Todo esto ocurre frente a un gobierno que lleva más de 18 años en el poder y aun así hay quienes se hacen la pregunta, ¿quién apagó Venezuela?