¡Alerta, xenofobia!

Los actuales movimientos migratorios que se viven en América Latina han despertado distintos brotes de discriminación que parecían ser de uso reservado sólo por el continente europeo. Lo peor de esto es que cuando alguien no se considera xenófobo con actos de rechazo a otros de distinta cultura es porque en realidad lo ignora de manera que se convierte en una especie de virus oculto que no da síntomas hasta que algún factor hace que lo manifieste.

Quiero detenerme en el tema de la xenofobia como una alerta local. Hoy es un tema controversial la huida de venezolanos, una huida forzosa que como he dicho antes nadie quisiera tener. Dejar todo y salvar la vida misma que corre peligro no es cobardía es pura valentía haciendo frente a lo desconocido. Sin embargo, quienes salen de Venezuela, además de cargar con la tristeza en la maleta, tienen que recibir la agresión y el rechazo por huir de la pobreza, el peligro y la anarquía de una nación que pareciera no tener gobernantes dolientes.

Hoy los venezolanos estamos dando los peores pasos en la historia del país caribeño al huir como lo hacemos. Lo que fue una potencia petrolera y turística hoy es una casa patas pa’ arriba como pueblo sin ley.

Con la publicación de mi carta abierta de un venezolano a los ecuatorianos, han venido varios comentarios de quienes sin empatía y con total xenofobia ven el éxodo masivo como una amenaza en Suramérica. Hay imágenes regadas por todo el internet de las caminatas que hacen familias emigrantes para atravesar países como Colombia, Perú y Ecuador solo con la intención de encontrar un lugar que les salve la vida de la crisis. No están caminando por turismo, no están haciendo su travesía por placer. Lo hacen por hambre y necesidad. Sobre esto, quiero agradecer la cantidad de gente que ha manifestado su apoyo a quienes estamos lejos de casa.

Un éxodo es la marcha de un pueblo o de un grupo de gente del lugar en que estaban para buscar otro lugar mejor donde establecerse.

Me sorprende que a pesar de ser un continente unificado en idioma, raíces y una fuerte iniciativa de hermandad que me enseñaron en la escuela como el sueño de Simón Bolívar, algunos países se oponen a recibir a grupos migratorios con la puesta en vigencia de nuevos requisitos que solo son trabas y nada de ayuda. Sepan algo, cuando un país llega al punto tal como está Venezuela, la gente sale como sea y desde años escucho a la gente usar trochas para saltar los puntos fronterizos cercanos. Con este desespero venezolano, ¿creen que se va a detener la huida forzosa? Algunos nacionales de países como Perú, Ecuador, Brasil, Colombia y Argentina han mostrado resistencia y oposición a recibir venezolanos que intentan escapar de un país que ya no da más y aun así algunos gobiernos quieren exigir un pasaporte que es casi lo mismo que el tan criticado muro de Trump.

Una de las formas más frecuentes de xenofobia es aquella que se hace en función de la raza y le llamamos racismo; sin embargo, todo racismo esconde algo de xenofobia.

Leo con tristeza como hace poco en Costa Rica cientos de personas marcharon para rechazar la llegada de nicaragüenses con gritos de “Fuera, nicas”, “asaltantes” y expresiones patrioteras contra los que huyen del conflicto político y armado que vive Nicaragua desde abril de este año. Además en Paracaima, frontera de Brasil con Venezuela, decenas de personas atacaron los dos principales campamentos improvisados de los inmigrantes venezolanos, quemando sus pertenencias. Esto en rechazo a los más de 500 venezolanos que diariamente llegan al pueblo brasileño. Mientras, países como Ecuador y Perú han endurecido los requisitos de entrada para intentar frenar el aluvión de llegadas. Al final todas las historias se parecen.

Nos preocupa más un documento o un muro que divida fronteras. Se recibe al inmigrante con indiferencia, hastío y rechazo. Tengo la sensación que dejó de ser prioridad, la sensibilidad, la filantropía y la delicadeza de ponerse en los zapatos de aquel que no la está pasando bien. ¿Cuánto nos va a costar esto? La xenofobia pura que vivimos estigmatiza que la mano de obra de un inmigrante es barata, que muchos vienen a quitar el trabajo, que son ladrones, que el índice de delincuencia subirá… Y así, un montón de etiquetas que convierten al otro en peligro. No se puede generalizar porque es trabajo fácil juzgar aun así, se necesita mucho menos esfuerzo para ayudar.

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