Carta abierta de un venezolano a los ecuatorianos

Estimados ecuatorianos, veo prudente empezar estas líneas pidiéndoles disculpas si es que algún venezolano les hizo sentir mal o consideran que les hizo un daño a los tuyos. Para mí es inaceptable y perturbador el maltrato físico, verbal o psicológico. No hay excusa, ni mucho menos motivos o explicaciones para maltratar o amedrentar a alguien que está en su casa.

Yo sé que es un tema sensible el que hoy les quiero contar; pero, la tristeza es mucha y quiero desahogarme con ustedes. Este tema de la afluencia masiva de venezolanos llegando al Ecuador es tan nuevo para ustedes como para nosotros. Venezuela nunca fue un país de familias que escapaban y salían caminando por la frontera para pedir dinero y tener algo con qué comer. Les juro que todo esto es nuevo para nosotros. De hecho, paradójicamente, yo recuerdo que cuando alguien salía del país era por turismo y lo hacía porque tenía dinero y regresaban al país donde estaba sembrada su vida. Y si no me creen, busquen cuántas familias alemanas, italianas, americanas y asiáticas se instalaron durante décadas cómodamente en nuestro país por ser un destino lleno de riquezas y oportunidades de todo tipo. Sigue leyendo

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Emigrar no es renunciar

No es más patriota el que se queda ni menos venezolano el que se va.

Llevo dos días de mucha angustia por toda la situación que está… No, perdón, así no quiero comenzar…  Quiero decir. Llevo toda la vida mirando a un sólo gobierno al mando nacional de mi país.

Crecí con la cara de un tipo en unas que otras paredes de quien sentía me seguía con la mirada, no era El Libertador quien sí tenía un lugar honorable en los libros de Historia de Venezuela. Al tiempo, ya no eran algunas paredes, sino también su rostro estaba en las instituciones públicas con grandes murales; yo, suponía su normalidad por ser presidente para entonces.

Pero, mientras más crecía, también crecía el rojo viral en mi país. Era como una epidemia que nunca me fijé en lo rápido que pasaba, pero que sentía el malestar: venía con odio, agresión y división, sin “antibióticos electorales” que lo detuviera. Sigue leyendo